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Luvina (Juan Rulfo)

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Diles que no me maten (Juan Rulfo)

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Comala Web, la revista. Diciembre del 2011
Tradiciones y Fiestas PDF Imprimir E-mail
Cultura
Escrito por Profr. Rubén Jaime Valencia Salazar   
Viernes, 23 de Diciembre de 2011 16:18

TRADICIONES Y FIESTAS

FIESTAS

Las festividades que se realicen en barrios, colonias y localidades que conforman el municipio son en honor al Santo Patrono, complementadas con las del aspecto profano.

 

 

ENERO

 

Lugar

Lapso (días)

Día principal

En honor a:

 

Cofradía de Suchitlán

9

12

V. de Guadalupe

Zacualpan

9

25

Sto. Santiago

Col. L. Cárdenas

9

Variable

Sagrada Familia

 

FEBRERO

 

Suchitlán

9

2

V. de la Candelaria

 

MAYO

 

Col. del PRI.

3

3

La Santa Cruz

Cofradía de Suchitlán

9

Variable

V. de Guadalupe

La Caja

9

15

San Isidro

Lagunitas

3

15

San Isidro

Agosto

9

15

San Isidro

 

JUNIO

 

Col. La Trinidad

9

Variable

Stma. Trinidad

Col. Cuauhtémoc

9

13

San Antonio de Padua

La Becerrera

9

13

San Antonio de Padua

Nuevo San Antonio

3

13

San Antonio de Padua

 

JULIO

 

Nogueras

9

4

Ntra. Sra. del Refugio

Barrio Alto

9

16

Ntra. Sra. del Carmen

La Nogalera

1

25

Sto. Santiago

AGOSTO

 

Agosto

9

15

Virgen María

El Remate

3

22

Sgdo. Corazón de María

 

SEPTIEMBRE

 

Comala

9

29

San Miguel

Los Colomos

9

29

San Miguel

 

NOVIEMBRE

 

El Remudadero

9

11

San Martín

La Yerbabuena

3

22

Santa  Cecilia

Suchitlán

2

22

Santa Cecilia

Campo Cuatro

2

Variable

Cristo Rey

 

DICIEMBRE

 

Comala

9

12

Virgen  de Guadalupe

 

 


Datos: Profr. Rubén Jaime Valencia Salazar  Cronista
Actualizado ( Viernes, 23 de Diciembre de 2011 17:16 )
 
POR UNA VEZ MÁS DE DOS (Poema) PDF Imprimir E-mail
Tu Espacio
Escrito por Lupita García S.   
Martes, 20 de Diciembre de 2011 23:16

POR UNA VEZ MÁS DE DOS

 sofa blanco

 

Eran ángeles y demonios

en el universo de un

Sofá blanco.

 

Lupita g S.

 

 

Dentro de esta habitación tú eres una estrella de mar pegada en la pared

él es tormenta suave penetrando manzanas.

Somos más de dos manzanas de color verde haciendo el amor sobre un puñado de grises piedras.

Lo besas y él te besa, me busca y yo voy donde tu boca.

 

Me vuelvo tu caracola en un cuadro azul

él es flor  de alcatraz mostrándose sobre un blanco sofá.

Tú vas más lejos, tus manos cerrando puertas para que no haya salidas, para que nadie sepa.

Para que sea lo que quiera…

amor querido amor.

 

Amor sin recato, amor elevado a pecado en el mar azul de mis ojos cafés

amor que resplandece abismos  con su falo amarillo

amor que en tus caderas suena diferente.

 

Así son las cosas…

Él, doble ración de cielo, yo, última estación.

Tú, dividido en dos, acariciándome, besándolo.

Somos girasoles bebiendo la claridad del día sobre un sofá blanco

amor claro, amor que está…amor diferente.

 

Sobre el imperturbable sofá me arrastras a sus brazos

nos encierras en los tuyos, provocando a las fuerzas fálicas.

Somos almas con piel, flotando en el universo

almas aventureras de mis vías lácteas.

 

Cuerpos con aroma a naranjas

tersos como pétalos de rosa

concediendo

permitiendo amor sin punto ni coma.

 

 

Esta pasión que te convierte en viento vertiginoso

a mí me provoca vivir en tus ojos,

sosteniendo su rostro en mi pecho

mientras él se imagina ser un ángel con poder iluso de fuerza infinita.

Somos amor que no se imagina, amor que está.

Somos esa clase de amor que causa dolor cuando se siente.

 

Él nos cuestiona mientras se estremece…

dejas que te lleve

le permito que transporte tu sueño en mi vientre

su aliento en mi espalda como golpe aturdidor

que duele mil años

y la pasión en sus ojos gritando…

¡No sé, no sé!

 

 

Bocas explorando túneles oceánicos, deseosas de tibios manantiales

bocas que vienen y van como ardientes olas de mar.

Labios recitando amor que no se volverá a dar

comisuras donde muere la amargura y el sol se vuelve líquido

lugar donde revienta la fe iluminando el abismo.

 

 

Nuestra historia está escrita en arcilla adánica

así son las cosas…

Amor que obliga a callar y hace que contengan la respiración

las miradas colgadas de la ventana que no importan.

Que atemoriza tormentas y escandaliza diablos viejos.

Amor que suena diferente.

 

Una historia comunicante que se lee en la piel

acto que se oculta en el secreto, protegido con piel bajo piel

donde fuimos protagonistas: tú: estrella de mar

él: falo emergiendo de la flor de alcatraz

yo: rosa caracola.

 

El cansancio nubla nuestros sentidos.

Somos viento agotado, marea baja sobre el blanco sofá.

Locura exiliada en tierras de la cordura, noches gélidas

abrigando nuestras pasiones dormidas, volviéndonos

cuerpos autistas depositados en el baúl del silencio.

 
Los Cortos de Marco (cuento) PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Marco A. Gutiérrez-Puente   
Martes, 20 de Diciembre de 2011 23:10

LOS CORTOS DE MARCO

 Pergamino

 

ACLARACIONES

 Ay m’hijo, en realidad no sé cómo explicarlo; pero los comejenes , no comen genes… Y eso de que tu abuelo suelte polilla, es en sentido figurado…

 

CUENTO CON CAPACIDADES DIFERENTES

        Aún paralizado por el miedo, logré atar a la lámpara sorda un cordel y la colgué en la muda pared, haciéndole nudo ciego.

        Afortunadamente el dinosaurio ya se había extinguido.

 

        ¿CRIMEN O SUICIDIO?

Si colgaron el teléfono era lo de menos; lo cierto es que estaba muerto.

 

        ATENTO RECADO

        Mi muy estimada señora doña Urraca:

        Con todo respeto le comunico que su bello nombre ha caído en desgracia; o para que no le suene exagerado, en desuso.

        Aunque peor se lo cuento; su nombre se ha vuelto peyorativo, casi insultante y más cuando se le antepone la palabra viejo-a.

        Atentamente

Clondrigo Díaz de Vivar.

 

        LA NOTA(N) ROJA

        —¿Pues qué demonios dice la nota?

—Dice: “No se culpe a nadie de mi muerte”

—Híjole, con esa letra yo hubiera hecho lo mismo.

¿O sospechamos de sus profesores?

—Mejor hay que seguir investigando el mayor tiempo que se pueda, antes de darle carpetazo.

 

 

Marco A. Gutiérrez-Puente

Diciembre de 2011

 
Cuento de Navidad (cuento) PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Eduardo M.Lázaro   
Martes, 20 de Diciembre de 2011 23:06

Cuento de Navidad

 Santa

Eduardo M. Lázaro

 

C

ada año es lo mismo. Luces de colores, arbolitos, coronas, cancioncillas y tiendas abarrotadas de gente queriendo comprar a última hora sus regalos. Es increíble que la gente se entusiasme tanto por la navidad. De veras no los entiendo.

Todo el año viven como perros y gatos y de pronto quieren cambiar en unos días y ser buenas personas. De la noche a la mañana.

Salen de su casa y saludan al vecino amablemente con una sonrisa y le desean  feliz navidad. Como si no recordaran que es el mismo sujeto que les arroja la basura a su patio. El mismo que saca a pasear a su perro y les deja un recuerdo en el jardín. Que se estaciona frente a su cochera sin ninguna consideración, estorbando la salida de su automóvil.

 Lo mismo les pasa a los niños. Con el soborno de los regalos, hacen que éstos se comporten medianamente bien, sobre todo después de que son advertidos: — si no te portas bien, no te va a traer nada Santa Claus—. Como si a Santa le importaran los berrinches y pataletas de los escuincles malcriados.

 Odio los centros comerciales en esta época del año. Con sus villancicos bobalicones, sus adornos exagerados, sus rebajas navideñas  invitando al despilfarro y al consumo exagerado. Y la gente ahí, gastando el dinero que no tienen en regalos superfluos y extravagantes. A veces empeñando hasta sus calzones para quedar bien con sus amigos o familiares. Una estupidez.

Pero lo que más odio sin duda es a Santa Claus, ese miserable gordo vestido de rojo, casi siempre acompañado de un enano vestido de verde simulando ser un duende. Grotesco. ¿Qué los niños y los papás no se dan cuenta de la clase de sujeto que es?

Su rostro demacrado, dientes amarillos y ojos inyectados, hacen juego con su aliento alcohólico que envidiaría el propio demonio. Con un traje que es tres o cuatro veces más grande que su talla. Usando unas botas negras de jardinero sudadas y apestosas.  Es increíble que los niños hagan fila para pedir sus regalos y después se tomen la foto del recuerdo con ese gordo artificial.

A propósito, tengo que irme. Mi turno está por iniciar. Ustedes disculparán, pero tengo que ponerme todavía esta barba blanca que me hace cosquillas en la nariz y este gorro rojo que me cubre hasta las orejas.

No dejen de visitarme con sus niños… Ah, y otra cosa: no olviden tomarse la foto.

¡Feliz Navidad!  Jo, jo, jo,jo …

 
EL REGRESO DE ULISES. (Cuento) PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Gilbertro Guerrero Ríos   
Martes, 20 de Diciembre de 2011 23:01

EL REGRESO DE ULISES.  (Cuento)

Pueblito mexicano

Gilberto Guerrero Ríos.

-Ay, pariente, qué gusto me da que estés otra vez aquí en Los Capires. Y más todavía que me hayas pedido que te acompañara a hacer este recorrido por el pueblo.

Sí, ya sé que bien podías haber conseguido a alguien más que te llevara de un lado a otro; pero, pos, la verdad, aunque me esté mal el decirlo: pocos te pueden contar como yo de lo que ha sucedido en todo ese tiempo que tú estuviste fuera.

Mira, ahí viene doña Trini, la Gallinera. ¿Te acuerdas que le pusieron así porque viniendo de fuera, compraba gallinas para irlas a vender a la ciudad en el mercado? Claro que no la ibas a reconocer, pos si de eso hace ya  veinte años. De sus hijas, acuérdate que tenía tres, y las tres bien cabronas, se fueron con los guachos de un pelotón que llegó al pueblo después de una de las tantas matazones que había antes. Yo creo que hicieron bien en terminar de galletas. Aquí difícilmente iban a salir. Sin preparación ni dinero no la hacían, más bien hubieran terminado como tu comadre, la Pajuela, que nunca se casó y en qué se las vió para criar a sus 4 hijos; aunque hay que reconocer que lo vaga no se le quitó nunca. ¿No te acuerdas cómo le gritaba al carpintero Nicho el Caborreón?, de una esquina a otra: ¡Compadre, hazme un catre, te lo pago con sapo! Y se meaba de la risa la cabrona, por la sacada de onda que le daba con esos gritos al pinche de Dionisio.

Pero te decía de la Gallinera, finalmente se quedó a vivir aquí, en Los Capires, y se las arreglaba para mantenerse con sobadas y poniendo ventosas y cataplasmas para los empachos. Ya de vieja, se juntaba con doña Chagua, la partera, y aprendió a asistir a las mujeres cuando iban a parir. Y le tienen  bastante confianza, la pura verdad. Ah, pos te decía de las hijas de doña Trini, con los años al parecer sus guachos ascendieron y ahora dizque ya son oficiales. En el pueblo dicen que  ya no son galletas, sino empanadas, porque cuando vienen llegan muy encatrinadas, ya rollizas,  pero se ve que no les ha ido del todo mal.

En cambio, mira, aquí vive doña Tencha, la viuda de el Mocho Jairo, con sus tres hijas, quedadas las tres, aunque dos son bien machorras y ni siquiera lo disimulan. Ah, pero eso sí, todas bien fijadas, persignadas y pretenciosas. Muy creiditas, viendo a todo mundo chiquito; por eso están como están, son como las mulas de El Diezmo, que de sus mismos pedos se asustan.

No, si el pueblo ya no es lo que era cuando tú vivías aquí, y más ahora con la gente que se ha ido al norte. Y se sigue yendo.

Ah, mira, ahí en esa casa verde vive Eustolia, aquella morena que te gustaba tanto, porque estaba bien acuerpadita, la mera verdad. Pero pos como tú te fuiste a Mexicali con tu familia, y luego hasta Washington, la Eustolia le hizo caso a un fuereño, el Alfeñique le pusieron de apodo por flaco, pero se llama Severo. Y qué te cuento, la Eustolia empezó a embarnecer en cuanto se casó, y ahora es un tinaco con patas la méndiga. Los vagos del pueblo dicen que Severo, cuando se acuesta con ella parece roño en parota. ¡Cómo ves!

Acá en la orilla, junto al barrancón, en aquella casita de zacate, vive Candita la Ida. Es un alma de Dios, no sale de la iglesia, rezando y preguntando a todos los fuereños que llegan si saben de sus hijos y de su marido. Sí, cuando la matazón en la cantina de Leobardo, acuérdate, le mataron a sus dos hijos y a su esposo. Desde cuando los velaron empezó a írsele la razón. Nunca los lloró, y no acepta que ya están muertos; dice que se fueron a trabajar a la mina de La Colorada; quién sabe de dónde sacó ese nombre. Pero es bien tierna y amable con todo mundo. Hace su quehacer y es muy limpia. Su hermano Sidronio, al que le dicen el Berrendo, es quien se encarga de darle para el gasto diario. Pobrecita.

Pero, vámonos sentando aquí en esta piedra, antes de regresarnos por el camino viejo al Tepehuaje, para que veas a otras gentes, y también platicarte mientras cómo me ha ido:

Mira, Uli, tú sabes que a tí te tengo confianza, porque desde chiquillos nos criamos prácticamente juntos, en la misma casa. Tu mamá, la tía Lupe, siempre me tuvo estimación y consideraciones. Y nunca hizo distingos por mi forma de ser. Aunque a veces tú y tus hermanos no dejaban de burlarse por mis gustos de jugar con muñecas y querer hacer la comida y planchar. Pero eso sí, nunca he sido amanerado. Y sí, las cosas que me gustan más hacer son las que hacen las mujeres, menos vestirme como ellas. Yo no le veo nada de malo. Y ya no les hago caso a los cabrones que se burlan. Me vale madres. Yo siempre he salido adelante trabajando como hombre en el campo, o como mujer en la casa. ¡Y qué!. Tu mamá fue de las pocas señoras que nunca se avergonzó de mí, es más, siempre me dijo que ella quiso mucho a mi madre, Melquiades la mudita, que por desgracia murió cuando yo apenas tenía 4 años, así que casi no me acuerdo de ella. Tu mamá decía, no se me olvida, que a pesar de ser mudita y haber tenido dos hijos de distintos hombres, mi madre fue una mujer muy trabajadora y honrada, porque los que la embarazaron se aprovecharon de su defecto. Y siempre criticó el que tanto Blas, como Plácido, tus tíos,  hermanos de mi tía Lupe, le hubieran hecho un hijo cada uno a mi madre; así que Valentín y yo somos hermanos de madre, pero primos también por parte de padre.

 Yo tuve que ver, de jovencito, con algunas mujeres del bule de con la Rosenda, pero, pos, cuando Zeferino el Cucho se aprovechó de mí, estando borracho yo, pos la verdad,  me gustó, y ya me quedé como soy. Luego, cuando me fui a Tijuana una temporadita, ¿te acuerdas?, dizque porque allá había mucha chamba, pero mentiras, pos entonces conocí a Leocadio el Pinto, que como tiene jiricua todos le hacían el fuchi. Yo no, y conmigo se engrió, porque nunca lo rechacé, y aquí vivimos muy a gusto. Tú no lo conoces, anda en el potrero cuidando las chivas, luego te lo voy a presentar, espero que no te dé grima saludarlo por sus manchas, es jiricua, te repito, pero de la que no se pega. Verás que fuera de eso, está bien afaccionado el cabrón, y conmigo es a todo dar.

Al principio, cuando llegamos el Pinto y yo a Los Capires, como que la gente nos veía con recelo, pinche gente, pero ahora que ya se dieron cuenta que los dos somos hombres de trabajo, porque nos hicimos de nuestro potrero y tenemos la manada de chivos para comerciar, pos ya se les acabó la comezón. Con decirte que hasta tus primas, Camerina y Graciana, sí, esas a las que les decían las huilotas bizbirrindas, por briosas, y que ahí están de quedadas, son grandes amigas nuestras.

Yo ya ni te pregunto cómo te ha ido, se ve que bien, primo Ulises. Ya vi la camionetona Lobo que te cargas, potente y nuevecita. Y eso que me dices que ya no vives en Washington, que ya vives aquí en el país, en Sinaloa, pos a todo dar, porque te tenemos más cerca. Y luego si, como es tu pienso,  compras las parcelas de allá por El cascalote viejo, al otro lado del Cerro del vigía,  pos todavía mejor.

La realidad es que ahora en Los Capires ya queda poca gente, todo mundo se va al norte o a la ciudad a buscar trabajo. Porque, no te creas, vivir del campo o del poco ganado que se tiene, como dijo el Guty cuando le agarró aquéllo a Saturnino: ¡está duro!

 

V. de Alvarez, Col., octubre de 2011. 

 
Investigación y plagio PDF Imprimir E-mail
Cultura
Escrito por Raymundo Padilla Lozoya   
Martes, 20 de Diciembre de 2011 22:57

Investigación y plagio

Por Raymundo Padilla Lozoya*

 

Para la Real Academia Española “plagiar” es “copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias”(1) Por lo tanto, José Gilberto Ibáñez Anguiano incurrió en plagio parcial, pero literal, de un artículo de mi autoría.

El día 27 de octubre del año 2011, el periódico Colimán publicó un texto titulado “1959, año trágico que sacudió a Mina y a Manzanillo”, firmado por José Gilberto Ibáñez Anguiano. En ese texto, José Gilberto Ibáñez Anguiano incluyó, sin mi consentimiento, un fragmento de mi artículo titulado “Otro Día de Muertos: 27 de octubre de 1959”, el cual redacté y difundí el año pasado en Avanzada, el Comentario, AF Medios y El Buen Vecino, medios periodísticos que generosamente le han brindado difusión a mis ideas y hallazgos de investigación. El fragmento plagiado es el siguiente:

en Minatitlán arrastró a hombres, mujeres y niños al río Minatitlán que también es nombrado Chacala, Paticajo y Marabasco en la desembocadura de Cihuatlán. Este recorrido de los cadáveres es importante porque en entrevista Rogelio Salas Guedea, presidente municipal de Cihuatlán en 1959 recordó: “encontramos cerca de 100 cuerpos en la desembocadura del río Marabasco”. Y también dijo que “muchos cuerpos no fueron sepultados cristianamente, debido a que los cihuatlenses no denunciaban cuando encontraban un muerto enterrado en la playa, porque los militares los obligaban a desenterrar el cuerpo”.

En cambio, en Minatitlán, los cuerpos encontrados entre el fango fueron sacados y enterrados en fosas comunes que cavaron las cuadrillas de minatitlenses, organizadas por el entonces alcalde Juan Michel Figueroa, el padre Teodoro Guerrero Gallardo y el profesor Héctor Mancilla Figueroa. Evidentemente ellos fungieron como representantes de los pilares morales de la comunidad: las leyes, la fe y la educación, en un momento en que el dolor por la muerte era compartido y el entierro perdía parte de su ritualidad.

En entrevista el ingeniero Francisco Javier Mancilla Aguilar afirmó que en el pueblo de Minatitlán fallecieron 205 personas. Por su parte el profesor Héctor Manuel Mancilla Figueroa publicó que hubo entre 296 y 312 muertos. El periodista Ismael Aguayo Figueroa en su libro llamado Ciclón señaló 350 personas fallecidas y el profesor Manuel Velasco Murguía dijo: “fueron varios cientos”. Las cifras evidentemente están en desacuerdo y son imprecisas. Y cuando acudimos a las noticias publicadas en la prensa internacional, nacional y local son exageradas.

[…] 84 hombres y 108 mujeres. Y con base en las edades reportadas, cuantifico que perecieron 89 infantes entre 1 y 9 años, 29 adolescentes entre 10 y 14 años, 10 jóvenes entre 15 y 18 años, y 64 adultos mayores de 18 años. Evidentemente la mayoría de los muertos en Minatitlán fueron niños, adolescentes y jóvenes menores de 18 años de edad.

A la segunda lista, la que contiene los 192 nombres de fallecidos, debemos sumar los 3 militares que registró el periodista Macedo López: “Teniente J. Jesús Cortés Botello, el sargento segundo de infantería Ángel Villanueva Huerta y el soldado Ezequiel Carmen Marcial”

Cuantitativamente se trata de 359 palabras que componen un texto de 1923 caracteres divididos en cinco párrafos y 34 líneas de texto, que pueden significar poco para algunas personas. Pero, para quienes se dedican a indagar y escribir historia o son profesionales de la investigación, en la redacción de este fragmento notarán un proceso complejo de elaboración de información original.

Cuando cursaba la maestría en Historia en la Universidad de Colima, en el año 2001, inicié el proceso de esta investigación. Primero me pregunté ¿qué pasó con los cuerpos que arrastró el río Minatitlán? Entonces identifiqué que el río Minatitlán llega hasta Cihuatlán y deduje que el alcalde de ese lugar, en 1959, podía saber algo. Me preparé para ir a visitar al exalcalde y compré con dinero de mi beca de estudio de maestría el pasaje de ida y vuelta de Colima hasta Cihuatlán. Dediqué un día para buscar y entrevistar a don Rogelio Salas Guedea, quien muy amablemente me recibió en su casa y generoso me concedió una entrevista, la cual registré en grabadora de cassette y pilas que compré con dinero de la beca, que también usé para pagar el hospedaje en un hotel de Cihuatlán, así como una comida, cena, desayuno y la comida del siguiente día. En esta breve etapa gasté alrededor de 2000 pesos, que no representan poco para un estudiante de maestría.

También invertí dinero de la beca al entrevistar a cuatro testigos: en Colima a don Juan Michel Figueroa, en Cuauhtémoc al sacerdote Teodoro Guerrero Gallardo y en Minatitlán a Héctor Manuel Mancilla Figueroa y a Francisco Javier Mancilla Aguilar. Ellos generosamente me describieron cómo organizaron a los damnificados y al demás pueblo en los días dedicados a la emergencia y rehabilitación de Minatitlán, además me explicaron su contabilización de fallecidos.

Para redactar el fragmento que plagió José Gilberto Ibáñez Anguiano, dediqué horas a la lectura del libro titulado Ciclón, del periodista Ismael Aguayo Figueroa y al libro Relatos de Colima, del profesor Manuel Velasco Murguía, con el propósito de extraer, fichar y contrastar información para triangular fuentes y precisar datos acerca del número de fallecidos, además de los citados en la noticia publicada por el periodista Gregorio Macedo López.

Pero, como los datos publicados no coincidían, acudí al Archivo Histórico del Estado de Colima para buscar alguna lista oficial de los fallecidos en Minatitlán. Tardé mucho tiempo pero encontré las dos listas de muertos que cito en mi artículo. Pero tuve que revisar durante días y muchas horas varias cajas de cartón, de un tamaño de 60 centímetros de largo por 40 de ancho y 50 de alto, repletas de expedientes y carpetas con oficios, una tras otra, hasta localizar las listas, que por fortuna existen.

Con las entrevistas grabadas, dediqué incontables horas a escucharlas y transcribir poco a poco cada sesión con el entrevistado, con muletillas y hasta con silencios, como lo indica la metodología de la historia oral. Y por cada minuto audiograbado de cada entrevista necesité de al menos cinco minutos de atención, redacción y corrección para hacer las transcripción completa del testimonio.

Con las transcripciones impresas en papel y con los documentos recopilados en fichas de contenido, realicé una lectura general de todo el material y así construí categorías emic y etic para agrupar la información codificada de manera casi artesanal con el procesador de palabras llamado Word, de la computadora que compré con dinero de la beca. Fue necesario además diseñar una tabla de temas e ideas repetidas, en la que vacié la información correspondiente de cada categoría. Y con cada una de las categorías redacté secciones que forman cada uno de los párrafos que cómodamente plagió José Gilberto Ibáñez Anguiano.

Escribir un texto original requiere de creatividad, habilidad, conocimiento, lectura de libros, horas de dedicación y revisión documental, fichas en bases de datos, a veces sacrificio familiar y viajes para consultar archivos y entrevistar testigos. Este proceso rara vez lo conocen y reconocen los lectores. Pero además hacer una investigación académica conlleva muchos recursos económicos y no es justo que alguien simplemente copie, firme un texto o fragmento que no le pertenece, lo publique y además goce de un salario por parte de una empresa periodística que debe estar dada de alta en hacienda, como cada uno de sus empleados.

El trabajo periodístico, entiendo, requiere de credibilidad, que se gana con la calidad del oficio que la empresa o el periodista ofrecen al público a través del formato escrito de textos. Por lo tanto, un periodista que incurre en el plagiado para publicar carece de calidad, lo menos es deshonesto e indigno de confianza, porque contraviene los valores del oficio periodístico que han expuesto reconocidos periodistas como Carlos Marín, Vicente Leñero, Manuel Buendía, Raymundo Riva Palacio y Kapuscinsky, entre otros. Tal vez por ignorancia y sin dolo, pero con malas mañas, José Gilberto Ibáñez Anguiano copió el fragmento citado y lo colocó textualmente en su texto, sin hacer la cita o referencia adecuada a mi trabajo y lo publicó como suyo. Ese acto se llama “plagio”, es una infracción del derecho de autor y está tipificado como delito por la Ley, veremos qué procede…

 

Referencia:

(1)   Real Academia Española, en: http://www.rae.es/rae.html

 

* Licenciado en Letras y Periodismo, maestro en Historia y doctorante en Antropología en el CIESAS DF. Integrante de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos. Blog: http://raypadilla.wordpress.com/

 

Actualizado ( Martes, 20 de Diciembre de 2011 23:01 )
 
Ya está a la venta el libro "Un lugar cercano a la locura" PDF Imprimir E-mail
Noticias
Escrito por Administrator   
Sábado, 19 de Noviembre de 2011 20:39

"Un lugar cercano a la locura"

 Libro 

La novela relata, de una manera intimista, la vida de un joven durante el Movimiento Estudiantil de México, en 1968.

No se trata de una cronología del Movimiento ni de un documento histórico de los hechos acontecidos. Es la narración del transcurrir de la vida de un joven miembro de una brigada estudiantil; de sus alegrías, sus dolores, sus amores y sus frustraciones, durante ese periodo.

Paralelamente, el libro describe el deterioro de la vida del mismo personaje en su edad adulta, como consecuencia de esa experiencia.

Es una historia que mezcla fantasías y realidades sin hacer mucha diferencia entre ellas.

 

Ya está a la venta en diferentes sitios el libro del escritor Agustín Benítez Ochoa.

http://www.elaleph.com/libro/Un-lugar-cercano-a-la-locura-de-Agustin-Benitez-Ochoa/941132/

http://www.amazon.com/dp/B005QEOX5I
http://www.booksamillion.com/p/lugar-cercano-locura/Agust%C3%ADn-Ben%C3%ADtez-Ochoa/Q809015626?id=5174038759550
http://www.booksonboard.com/index.php?BODY=viewbook&BOOK=1118884
http://www.whsmith.co.uk/CatalogAndSearch/eBooksProductDetails.aspx?productID=OD00064767250
http://www.mobipocket.com/en/eBooks/eBookDetails.asp?BookID=538765

 

 

 
Reír llorando (cuento) PDF Imprimir E-mail
Tu Espacio
Escrito por Gilbertro Guerrero Ríos   
Sábado, 19 de Noviembre de 2011 20:33

REIR LLORANDO

Teatro mascaras 

Gilberto Guerrero Ríos

 

Son ya las diez de la noche y apenas llego al camerino. La función de media noche en realidad inicia a las once y yo participo en tres de los sketches. Tendré que apresurarme con el maquillaje y el vestuario. Aunque el público de carpa no es muy exigente, la rutina, la experiencia y casi veinte años de andar en la legua conforman una actitud de responsabilidad en  los actores, y yo no soy la excepción, ya que entré al medio por gusto, nadie me forzó.

Parece cosa de ayer cuando, aún adolescente, me presenté con el señor Basurto y sin más preámbulos le dije: “Quiero ser actor. ¿Me puede ayudar a lograr esta meta?”

-Mira, jovencito, ¿ya lo pensaste bien? Esto de ser actor no es miel sobre hojuelas. Hay que tener verdadera vocación para aguantar muchos malos ratos. Los jóvenes generalmente se deslumbran con la fama,  las candilejas y los carteles en que se anuncia el teatro; pero esto también significa renunciar a muchas satisfacciones que disfruta la gente que no anda en la farándula. Aunque –agregó-, como lo dices con mucho aplomo, pareces listo y no tienes mala estampa, ven a verme después de la función del domingo y ya platicaremos con calma.

Apenas era viernes, así que aproveché el fin de semana para dar una repasada a los apuntes de la Escuela de Arte Teatral del INBA, que me había prestado un amigo, aprendiendo de memoria aquello de: …debes tener la facilidad para encontrar en ti distintos sentimientos y manejarlos para que los saques en escena aunque no los sientas realmente. Como decía un director ruso: también debes aprender a reaccionar de manera verdadera a estímulos falsos. Y sobre todo debes tener disciplina, no impuesta por fuera sino desde tu interior, que sepas que la actuación puede ser una pareja muy celosa y demandante. Sobre características físicas, puedes ser joven, viejo, alto, chaparro, delgado o gordo o como quieras, y eso no importará pues encontrarás un lugar en la actuación”.

El señor Basurto, al parecer, percibió en mi actitud la convicción adquirida con los consejos anteriores, y en la semana siguiente ya estaba yo como ayudante de utilería en el teatro, así como actor emergente en los papeles que lo requerían cuando alguno de los actores secundarios faltaba.

De ahí en adelante  participé en un sinfín de obras de todo tipo: dramas, comedias y musicales. Aunque mi fuerte, a decir verdad, era el teatro costumbrista; alguien comentó que lo hacía con gracia, fuerza y sentimiento.

Luego, en el ambiente conocí a Laura, maquillista y peluquera, quince años mayor que yo, con quien hice vida en común en unión libre.

Fueron casi diez años de relativa estabilidad en todos sentidos, hasta que el teatro, al morir el señor Basurto, cambió de dueño y tuve que incorporarme al trabajo actoral en carpas. Como actor gozaba de cierto cartel; pero, sobre todo tenía fama de formal, responsable y de una gran versatilidad.

Laura, de bebedora social pasó a ser una verdadera alcohólica. No sé si eso haya influido para que nuestro  único hijo, Tristán, naciera con Síndrome de Down.

Laura murió de una anemia crónica ocasionada por el sangrado de las várices esofágicas, consecuencia a su vez de una cirrosis hepática.

Tristán,  para mí el niño más dulce, tierno y cariñoso, recibió todo el caudal de amor que mi condición de actor itinerante podía brindar, pasándola bien juntos, con mucha comunicación a pesar de su retraso mental de grado moderado.

No obstante que siempre estuve consciente de las limitaciones que tienen las personas como mi hijo, tras la muerte de Laura, volqué todo mi interés, ternura y dedicación hacia él, sin descuidar nunca mi desenvolvimiento como actor.

Por ello, hoy que inicio el proceso de maquillarme para el sketch en que voy a participar, de albures y pastelazos, recargo el color en las ojeras, para disimular las lágrimas que me produce el recordar que debo regresar a la funeraria donde se halla el cuerpo de Tristán, que al igual que muchos de los casos como él, tuvo muy corta sobrevida.

Y no sin cierta ironía, me viene a la mente la cita del poeta, tan apropiada para mi circunstancia: “nuestras vidas son breves mascaradas, aquí aprendemos a reír con llanto… y también a llorar a carcajadas”

 
La pared (cuento) PDF Imprimir E-mail
Tu Espacio
Escrito por Eduardo M.Lázaro   
Sábado, 19 de Noviembre de 2011 20:25

LA PARED

Pared antigua 

S

Eduardo M. Lázaro

oy una persona con mucha imaginación, lo reconozco; fantaseo muy seguido. A veces hasta sueño despierto, pero no estoy loco, se los aseguro.  Esto que voy a narrar realmente sucedió:

            Tenía unos siete años y estando sentado en el retrete de casa (muy vieja por cierto), me divertía viendo las figuras que se formaban en las paredes del baño. La humedad y el tiempo habían arruinado la pintura de esmalte, decolorándola y formando algunas manchas que yo interpretaba como figuras; graciosas unas, grotescas otras.

            Al frente había un oso con gorro de Peter Pan; a un lado, una bruja con sombrero picudo y escoba; más a la izquierda, la cabeza de un cervatillo; en la pared derecha, una paloma con las alas extendidas; en la puerta, la cara de un ogro con un solo ojo; arriba, un señor con una nariz ganchuda y deforme; había también un abejorro, un avión de propulsión a chorro, un duende bailando, que después de un rato se transformaba en un gato saltando la cuerda.

            Me llamó la atención algo que no había visto hasta ese día. Y que de seguro siempre había estado allí. Un pelo de brocha.

            Así es, un pelo de brocha atrapado entre la pintura y la pared. Pegado, agazapado, esperando que alguien reparara en él. Ahí había estado todo el tiempo, desde que se pintaron las paredes seguramente, pero que  ahora saltaba de repente, se hacía presente, se hinchaba, se dibujaba, negro y grueso. Al alcance de la mano. Un pelo negro de brocha…

            Como ya llevaba algo de tiempo sentado y la naturaleza no había hecho lo suyo, opté por liberar el pelo de su prisión. Solo tenía que estirarme un poco y rascar para despegar ese singular pelo de brocha.

            Me olvidé por un instante de las figuras en la pared  y mi atención quedó fija en ese único pelo  prisionero. Me moví un poco hacia adelante y sentí alivio en mis piernas que ya  comenzaban a entumirse. Me estiré un poco más para alcanzarlo y comencé a raspar con mi dedo al misterioso pelo, que ahora que lo pienso realmente era extraño pues era más grueso que otros que yo había visto atrapados en otras paredes.

            Poco a poco fue separándose  de la pintura y la pared que lo apresaba.  Rascaba con mi uña y mi esfuerzo comenzaba a dar sus frutos. El pelo se separó hasta casi la mitad de su longitud, haciendo un gracioso arco. Triunfante opté por  terminar de sacarlo de una vez por todas  y puse mi dedo entre la pared y el pelo con el fin de dar el último estirón.

            Ahí comenzó todo… Al poner mi dedo en ese lugar sentí que el pelo se rebelaba, se resistía, presionó un poco mi dedo. Al principio, pensé que era mi imaginación o que simplemente era la resistencia natural de un pelo atrapado todavía por un extremo… Pero no. Siguió aumentando su presión poco a poco, y un estremecimiento sacudió todo mi pequeño ser. A mis escasos siete años podía comprender que un pelo, aún uno grueso como ése, no debería de ejercer esa presión que yo estaba sintiendo en mi dedo. El pelo estaba reacio y presionaba mi dedo a tal punto que sentí que también iba a quedarme pegado a la pared del baño.

            Entonces lo comprendí de un sopetón; las figuras que yo había visto en las paredes del baño seguramente habían sido atrapadas por él. Sentí cómo los cabellos de mi cabeza se erizaban y sin esperar a subirme los pantalones cortos, salí corriendo del baño lanzando un potente alarido. ¡Mamaaaaaá!

 
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