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MEJOR ASÍ (Cuento) PDF Imprimir E-mail
Escrito por Gilbertro Guerrero Ríos   
Domingo, 25 de Septiembre de 2011 18:24

MEJOR ASÍ.

                Gilberto Guerrero Ríos.

Vieja 

-Será el sereno, pero a mí que ni me presuman. Yo aprendí a leer en colegio de monjitas, colegio caro, para niñas decentes. Lo malo fue que después, por problemas políticos, a mi papá le quitaron  las huertas de Periquillos y me sacaron del colegio por no poder pagar, pues “con qué ojos, divina tuerta”. Luego  tuvimos que venirnos a vivir aquí a Mina. En ese entonces yo ya tenía once años y como siempre fui muy desarrollada mis papás me sacaron de la escuela, no me fuera a pasar algo. Había muchos manilargos. 

Tuve mis pretendientes, eso sí, y varios –me acuerdo: Aquel profe Braulio, que llegó en “motorcicleta” al pueblo. Le daba por esperarme siempre en el atrio de la iglesia, después de la doctrina que yo les daba a los niños. Era muy bien educado y en las fiestas tocaba el “sarsofòn”.  Pero tuvo mala suerte, se cayó en un voladero con todo y “motorcicleta” y ya nunca regresó.

Luego, Gaudencio, el hijo de don Liborio el de la carnicería. Era muy faceto, me decía cuando pasaba: “adiós, mamacita, aquí vives y no pagas renta”, y se tentaba el pecho. Lo que no me gustaba de él es que como dizque era charro, en las fiestas siempre se vestía con esos pantalones pegados y, ya borracho, nomás me veía y se agarraba el tambache. A mí que no me anden con esas visiones. Por eso nunca le hice caso.

Con el que sí salí algunas veces a platicar por el corral de la casa fue con Pancho el de doña Fidelia, la hermana del padre Ponce. Primero muy educadito, como que era sobrino del señor cura. Pero luego se volvió muy tentón. Empezó a querer agarrarme las chichis y ahí si ya no. Que lo mando a volar. Pos qué es eso.

También anduvo detrás de mí, Eutimio, un ranchero de La higuera panda, que su papá tenía mucho ganado. Me mandaba  recados con mis primos, que eran de su edad. No era feo: grandote, chino, chino. Le decían El Güizapol. Pero era muy lebrón y peleonero. Como siempre traía pistola no se dejaba de nadie. Lo venadearon rumbo a su rancho, allá por El mogote de la difunta.

No, si oportunidades no me faltaron. Si yo hubiera querido. Pero no quise.

Por eso mi prima Gregoria me criticaba:

-Ay, Tella, no seas tan remilgosa, así ni quien se te acerque. Aprende a mí –decía. Y sí, era muy salidora y entrelucida. Iba a todas las fiestas y bailes. Yo llegué a ir con ella algunas veces. Ella bailaba de todo, hasta rocanrol. Yo no. A mí me gustaban los boleros y las corriditas. Nunca me pasaron los bailes de cacamatas y mucho zangoloteo.

Gregoria estudió para secretaria y trabajó un tiempo en la presidencia municipal. Pero de repente, ya macizona, decidió irse a Tijuana,  “para hacer dinero y ayudar a mi mamá y a mis hermanos”-dijo. Porque ya no tenía papá. Regresó como a los cinco años, toda alhajada, con bastante dinero y dos chiquillos. Contó que  había enviudado y que el marido le dejó lana y los dos niños. Pero todo mundo sabía que eran mentiras, que anduvo de piruja.

-Ay, Tella -me insistía-, a ti te falta salir, conocer mundo.

-Qué te pasa –le contestaba. Yo también he viajado. Hace dos años fuimos mi mamá y yo a México, con Germán mi primo, el que estudiaba para ingeniero pero nunca se recibió.   Ay, bien bonito ese viaje. No se me olvida: Fuimos primero a ver a la Virgencita de Guadalupe, la Morenita del Tepeyac. Mi mamá y yo atravesamos la plaza hincadas. Llegamos con las rodillas pasmadas, la pura sangre. Pero contentas. Yo siempre he sido muy devota de la Virgen Morena y de San Judas Tadeo.

Ah, pero también Germán insistió en llevarnos al teatro. Fuimos a uno que le dicen Blanquita. Me gustó y no. Primero sí porque nos tocó ver a Enrique Guzmán y a César Costa, y yo los admiro mucho. Pero lo que no me pasó fue cuando salieron una sarta de viejas casi encueradas. Lagartonas, bailando todas despernancadas y enseñando las verijas. Eso no se vale. Viejas destalentadas, cochinas. A mí que no me inviten a ver esos bailes.

Y es que hay cosas en las que yo no estoy de acuerdo. Por mucho  que digan que es por falta de cultura y de preparación. A ver, eso de que ahora hasta en las telenovelas es el puro encuere y el agarrón. Tan bonitas y sanas que eran las de antes, como Yesenia y Marimar. También los cantantes han dado un bajón que ni se diga. Qué bonito cuando cantaban galanes como Lorenzo de Monteclaro y José José.  Ahora nada más el puro sonsonete y los dizque corridos de  narcos. Eso no es música, qué creen, ¿que no sé distinguir lo horro de lo parido?

Y peor tantito,  ya hasta en las escuelas les enseñan a los muchachos lo del sexo y el aborto, con dibujos y todo. Yo no estoy de acuerdo con esos desfiguros. Y todavía más, los muchachillos y muchachillas de 15 años, que ya fuman mariguana. ¡Háganme favor! Como si fueran guachos y galletas. Ah, y que hasta entre los jotos se van a casar. ¡Ave María Purísima!. Si les digo, el mundo anda de cabeza.

Por eso yo le contesto a Gregoria, mi prima:

-Pues mira, tómalo como quieras, pero qué bueno que no me casé  y me quedé, como dices, para vestir santos. Mejor que desvestir borrachos.  Y ya no me digas Tella. Me llamo Eleuteria, como mi abuela. Quedada y todo me siento muy bien como estoy. ¡Para qué quiero hijos y marido!. Mejor así.

 

Gilberto Guerrero Ríos; es exalumno del taller de cuento dirigido por el escritor Agustín Benítez Ochoca.

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