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LEYENDA: EL PUENTE DE LOS SUSPIROS Comala está plagado de relatos, leyendas y misterios. Desde tiempos antiguos hasta nuestros días, nos han llegado de diversas fuentes casi siempre orales, relatos de hechos misteriosos y en algunas ocasiones de hechos inexplicables. Algunos basados en realidades y otros basados más en la superstición y el folklore. Sin embargo, no dejan de ser interesantes y reflejan una herencia rica en imaginación, aderezados con la sal de nuestros antepasados y los detalles de lo desconocido, que nos espolean la curiosidad y nos hacen imaginar las causas de tales aseveraciones. Hoy presentamos la Leyenda del Puente de los Suspiros. N.E. (Este puente se encuentra sobre la calle Progreso, y conecta al centro de Comala, con la colonia los Aguajes. El nombre oficial es Puente “Hidalgo”) “Puente de los suspiros” Transcurrían los años 1909-1910 y se construía el primer puente en la población de Comala sobre el Río San Juan, calle Progreso, a fin de ser inaugurado con motivo de las festividades conmemorativas del Centenario de Iniciación de la Guerra de Independencia. Era inmensa la novedad de los vecinos y más aún de los menores quienes, sin prever el peligro, constantemente se acercaban a observar los trabajos. Ante tal situación los padres de familia, deseando evitar un accidente, optaron por advertir a sus hijos que los trabajadores tomaban niños y aún vivos, los incrustaban en muros y columnas. Cierto día un infante incrédulo de la advertencia de los mayores, atónito, observó sangre en la mezcla de arena y cal que un obrero utilizaba para unir los ladrillos de barro, por lo que pregonó en el pueblo ser verdad la indicación que habían recibido de los adultos. La mezcla contenía sangre de animal, ya que según la creencia y tradición entre los maestros de obra debería agregársele para dar resistencia a la edificación. Lo anterior dio origen a que ya terminada e inaugurada la obra, principalmente mujeres solas, se abstuvieran de transitar por ahí, ya que aseguraban escuchar los llantos y “suspiros” de los niños sepultados que las confundían con sus madres que los habían abandonado. Los adultos que carecían del don en la lectura, señalaban la inscripción localizada en una de las columnas, relativa a datos sobre la inauguración, manifestando que ahí se leían los nombres de los infantes enterrados “vivos”. Por muchos años a éste puente “Hidalgo” se le conoció por el “puente de los suspiros”. Fuente: Monografía Comala Porfr. Rubén Jaime Valencia Salazar
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